Empresario analizando un obstáculo empresarial en su oficina y buscando estrategias para superar barreras y continuar el crecimiento de su empresa.

Empresas frente al obstáculo

Empresas frente al obstáculo

Todo el mundo dice que ser empresario es difícil.

Se habla de presión, incertidumbre, responsabilidades, problemas, decisiones complicadas y noches sin dormir. A veces parece incluso que ser empresario significa acostumbrarse a sufrir.

Yo no lo veo exactamente así.

En Rapsodia Empresas nos divertimos trabajando. Tanto a mí como a mis colaboradores nos gusta lo que hacemos. Eso no significa que los problemas no existan. Existen. Y algunos pueden llegar a ser enormes.

La diferencia está en cómo decidimos mirarlos.

Porque un obstáculo empresarial puede convertirse en un problema que paraliza una compañía o en el comienzo de un aprendizaje capaz de transformarla.

Hace años conocí a un empresario que me enseñó precisamente eso.

Se llamaba Genaro.

Cuando me llaman porque parece que ya no existe solución

Genaro tenía unos 50 años cuando lo conocí.

Me llamaron porque no conseguían entender qué estaba ocurriendo en su empresa.

Curiosamente, muchas veces llego precisamente en ese momento: cuando alguien piensa que ha probado prácticamente todo y ya no encuentra una solución.

Recuerdo perfectamente nuestro primer encuentro.

La primera impresión de Genaro

Genaro estaba en su despacho esperándome.

Tiempo después me confesó que estaba convencido de que llegaría tarde.

También me contó algo que todavía hoy me hace gracia.

Se había imaginado que aparecería una persona bastante rara, con unas gafas extrañas y mal vestida.

Sin embargo, llegué aproximadamente un cuarto de hora antes de nuestra cita.

Estaba hablando con su secretaria cuando escuché que ella tenía el teléfono en manos libres.

Genaro preguntó:

«¿De verdad es ella? ¿Y qué pinta tiene?»

La pobre secretaria no sabía qué responder.

«Bueno, yo la veo bien.»

Ella sabía que yo estaba escuchando.

Él, evidentemente, no.

De repente salió del despacho.

Yo estaba de pie junto a su secretaria.

Le miré y le dije:

«Hola, soy yo.»

Se quedó observándome.

«¿Tú? Eres muy joven. Además, eres muy guapa.»

Yo estaba alucinada.

No entendía absolutamente nada.

«¿Hay algún problema?»

«No, no. Pasa.»

Y entramos en su despacho.

Escuchar antes de buscar una estrategia empresarial

Nos sentamos.

Durante aproximadamente diez minutos ninguno de los dos habló.

Él me miraba.

Yo sostenía la mirada.

Finalmente me dijo:

«Empieza. Dime.»

Le contesté:

«La verdad es que yo no vengo a hablar. Vengo a escucharte. Necesito saber qué te está pasando.»

Me miró sorprendido.

«¿Yo tengo que hablar?»

«Claro. Además, voy a grabarlo.»

Aquello todavía le sorprendió más.

«¿Vas a grabar esto? Esto no es una entrevista.»

«Te equivocas. Sí lo es. ¿Cómo voy a ayudarte si realmente no sé nada de ti, de cómo piensas, de cómo actúas ni de por qué estoy aquí?»

Dos horas escuchando una empresa aparentemente perfecta

Entonces ocurrió algo que tampoco esperaba.

Llamó a su mujer.

Ella ya me conocía.

Hablaron unos minutos y, cuando terminó la conversación, le pregunté:

«¿Por qué la has llamado? ¿Le has contado algo?»

Me explicó que únicamente le había dicho que algo estaba ocurriendo en la empresa y que él se encontraba estancado.

Nada más.

Entonces me miró.

«Así que quieres que hable.»

Y empezó.

Durante más de dos horas Genaro me habló de su empresa.

Me explicó que era una compañía exitosa.

Me habló de sus empleados.

Según él, todos estaban con él.

Me contó la historia de la empresa, sus logros y multitud de buenas noticias.

Todo parecía funcionar.

Demasiado bien.

Lo que Genaro no sabía era que yo había estudiado, entre otras materias, recursos humanos y terapia emocional. Había aprendido a escuchar no solamente aquello que una persona dice, sino también aquello que intenta evitar.

Durante aquellas dos horas continué grabando.

Cuando terminó me miró satisfecho.

«¿Y ahora qué?»

Le respondí:

«Después de esta película, ahora me gustaría que me contaras la verdad.»

Se quedó mirándome.

«¿No me crees?»

«Creo que tu empresa es exitosa. Pero también creo que ahora tienes delante un obstáculo que no quieres ver o al que tienes miedo de enfrentarte.»

Su expresión cambió.

El primer síntoma del verdadero obstáculo empresarial

Le dije algo más.

«No todos tus empleados están contigo.»

Aquello le sorprendió.

Le recordé que yo acababa de entrar por la puerta y ya había observado determinadas cosas.

«¿Todo eso lo has sacado en un minuto?»

Le expliqué que estaba preparada para observar organizaciones y personas.

Había visto empleados que parecían tener una relación cercana con él y otros a los que probablemente ni siquiera conocía.

Entonces me dijo:

«Vale. Vamos abajo y dime.»

El empleado cuyo nombre su CEO no conocía

Bajamos.

En la entrada había trabajadores de la fábrica que anteriormente estaban allí.

Le pedí a la secretaria que llamara a algunos.

Genaro pensaba que iba a preguntarle quién era el encargado.

En cambio, señalé a uno de los trabajadores.

«¿Sabes cómo se llama este chico?»

Genaro respondió:

«Es muy simpático y agradable. Hablo mucho con él.»

«Dime su nombre.»

Se quedó pensando.

«Se llama Carlos», le dije.

Me miró sorprendido.

«¿Y tú por qué lo sabes?»

«Cuando llegué pregunté dónde estaba el baño y él me acompañó.»

En ese momento apareció la mujer de Genaro.

Cuando vio la situación dijo:

«Te lo dije. Esta es distinta.»

Genaro me miró.

«Vale. Volvamos al despacho.»

Antes de subir se giró hacia el trabajador.

«No me voy a olvidar de tu nombre.»

El problema que Genaro no quería afrontar

Subimos los tres al despacho.

Genaro me preguntó:

«Entonces, ¿crees que mi problema es no saber el nombre de mis empleados?»

«No.»

Aquello era únicamente una señal.

Le expliqué que percibía algo mucho más importante.

«Hay algo que te está pasando y no quieres enfrentarte a ello porque tienes miedo.»

Un obstáculo en una empresa puede parecer gigantesco o manejable dependiendo también de los ojos con los que decidamos mirarlo.

Su mujer y yo nos quedamos observándolo.

Ella tampoco sabía qué estaba ocurriendo.

Finalmente le preguntó qué pasaba.

Y Genaro empezó a hablar de verdad.

Faltaba dinero en una empresa que funcionaba bien

Había dinero que estaba desapareciendo de la empresa.

Mucho.

La situación había llegado a un punto en el que empezaba a tener dificultades para afrontar determinados pagos.

Sin embargo, Genaro sabía que aquello no tenía sentido.

La empresa funcionaba.

Había actividad.

Había negocio.

Los números generales indicaban que algo no encajaba.

Y existía otra cuestión todavía más difícil de asumir.

Para que aquello estuviera ocurriendo tenía que intervenir alguien con acceso y confianza dentro de la compañía.

Su mujer no podía creer lo que estaba escuchando.

Entonces me miró y me preguntó:

«Y tú, lista, ¿qué harías?»

Mi respuesta fue sencilla.

Enfrentar la verdad.

Cómo afrontar un problema empresarial cuando no conocemos su origen

Le propuse realizar una auditoría.

Había que investigar.

Revisar documentación.

Abrir mesas y despachos si era necesario.

Analizar qué estaba ocurriendo realmente.

Después, con hechos sobre la mesa, podríamos tomar decisiones.

Genaro me recordó que se acercaban cuatro días festivos.

La empresa estaría prácticamente vacía.

Me preguntó:

«¿Trabajarías este fin de semana?»

«Por supuesto.»

Entonces dijo:

«Se lo diré a mi hermano.»

Le contesté inmediatamente:

«Te equivocas.»

Me miró.

«Tu mujer, tú, los auditores y yo. Nadie más.»

«¿Quieres que desconfíe de mi hermano?»

«No. Quiero evitar que alguien hable antes de que sepamos qué está pasando.»

Su mujer intervino.

Le recordó que su hermano hablaba mucho y podía comentarlo con otras personas.

Finalmente acordamos mantener absoluta discreción.

Semana Santa cambió la historia de aquella empresa

Genaro me preguntó cuánto costaría mi trabajo.

Le expliqué que aquello no iba a limitarse a resolver el problema inmediato.

Su empresa necesitaba cambios y acompañamiento.

Me pidió un presupuesto completo.

Era Semana Santa.

Le dije que el miércoles lo tendría.

Y así comenzó nuestro trabajo.

Entrar en una empresa para comprender qué está ocurriendo realmente

El miércoles llegué a la empresa a la hora a la que entraban los trabajadores.

Fui directamente al despacho de Genaro.

Su hermano estaba allí.

Genaro le pidió:

«Por favor, déjanos solos.»

Su hermano protestó, pero finalmente salió a regañadientes.

Le presenté a Genaro mi propuesta con todo lo que consideraba que debíamos hacer.

La leyó.

«Lo firmo. Esta semana te hacemos el primer pago.»

Ese mismo día firmamos el contrato.

Después me hizo una pregunta:

«¿Cómo te presento?»

La respuesta tenía que ser sencilla.

«Lidia Arrocha es la nueva comunicadora de la empresa. Nada más. Estaré aquí todos los días ayudando y entendiendo cómo funciona todo.»

Así lo hizo.

Su hermano fue muy amable conmigo.

Los trabajadores también me dieron la bienvenida.

Nadie sabía lo que realmente estaba ocurriendo.

A las dos de la tarde comenzó la investigación

Cuando todo el mundo se marchó, llegaron los auditores.

Eran varios.

Había muchísimo trabajo.

Fueron revisando mesa por mesa.

Documentación.

Contabilidad.

Movimientos.

Nosotros permanecimos allí durante todo el fin de semana de Semana Santa.

Mientras tanto, Genaro y su mujer se marcharon a un hotel, como hacían habitualmente durante aquellas fechas.

El domingo por la noche ya sabíamos quién era el responsable.

Los auditores habían encontrado una contabilidad B de la empresa.

La tenía Toni, el hermano de Genaro.

Cuando el auditor se lo comunicó, Genaro se quedó mirándolo.

«No es posible.»

Pero allí estaba todo.

Cuando el empresario decide escuchar la verdad

El lunes el auditor reunió a las personas de la oficina.

Explicó el trabajo que se había realizado durante aquellos días y cómo habían investigado dónde estaba terminando el dinero.

El hermano de Genaro parecía consternado.

Decía no entender nada.

Entonces el auditor dijo:

«Sabemos quién de ustedes lo hizo.»

Toni intentó detenerlo.

«No hables más.»

Pero Genaro intervino.

«Sigue, por favor.»

Ese momento fue importante.

Unos días antes Genaro tenía miedo de enfrentarse al obstáculo.

Ahora estaba pidiendo escuchar la verdad hasta el final.

Cuando terminó la reunión, Toni salió corriendo.

Los trabajadores regresaron a sus mesas.

Genaro me miró y me dio las gracias.

Después intentó llamar a su hermano.

No respondió.

Cuando el obstáculo tiene el apellido de tu propia familia

Aproximadamente dos horas después, Toni regresó.

Pero no llegó solo.

Venía acompañado por el padre de ambos.

Su padre había acudido pensando que podría defender a uno de sus hijos frente al otro.

Probablemente imaginaba que estábamos hablando de una cantidad relativamente pequeña.

No era así.

Eran millones.

La situación había llegado a poner en riesgo de quiebra una empresa que aparentemente era exitosa.

Cuando el padre comprendió la magnitud de lo ocurrido, miró a su hijo.

«¿Dónde está ese dinero?»

Finalmente se consiguió recuperar prácticamente todo.

Toni fue despedido.

Y la empresa pudo continuar.

Superar un obstáculo empresarial no termina cuando desaparece el problema

Tiempo después, mientras Genaro y yo trabajábamos, me dijo:

«Ahora entiendo que mi mujer tiene ojo para las personas. Ella vio que nos ayudarías.»

Me dio las gracias.

Pero le contesté:

«Todavía tenemos mucho que trabajar. Espera a que terminemos. Va a ser duro.»

«No importa. Quiero esos cambios.»

Entonces me contó algo que me hizo sonreír.

«Además, ahora voy todos los días a saludar a Carlos. Y hablo con los demás para que me digan sus nombres.»

Aquel empresario había aprendido algo que iba mucho más allá del dinero.

Trabajé con ellos durante aproximadamente un año y medio.

Los obstáculos empresariales también forman parte del crecimiento

Esta historia ocurrió hace años, pero sigue teniendo sentido hoy.

Las empresas continúan encontrándose con problemas de crecimiento empresarial, dificultades financieras, conflictos internos, cambios tecnológicos, internacionalización, competencia y transformación de mercados.

Precisamente por eso existen organismos y ecosistemas que ayudan a las compañías a prepararse para nuevos escenarios.

Por ejemplo, la Cámara de Comercio de Madrid ofrece servicios de internacionalización para empresas que quieren iniciar una prospección exterior, consolidar su presencia internacional o ampliar su cartera de clientes y proyectos.

También ICEX España Exportación e Inversiones proporciona información de mercado, asesoramiento, acciones de promoción y el apoyo de las Oficinas Económicas y Comerciales de España para empresas interesadas en mercados como Estados Unidos.

Miami como ejemplo de ecosistema empresarial internacional

Miami representa precisamente uno de esos mercados donde las empresas encuentran oportunidades, pero también nuevos obstáculos que deben aprender a gestionar.

El propio ICEX dedica un programa específico a eMerge Americas en Miami, orientado a introducir empresas españolas en el ecosistema empresarial de Miami y facilitar conexiones con inversores y socios.

Por su parte, eMerge Americas reúne en Miami empresas globales, startups, inversores y líderes institucionales, conectando capital, talento e ideas dentro de un ecosistema internacional de innovación.

Estos ejemplos muestran algo importante.

Crecer no significa dejar de encontrar obstáculos.

Significa desarrollar mejores estructuras para afrontarlos.

¿Los obstáculos empresariales son un problema o un aprendizaje?

Los problemas empresariales existen.

Negarlos sería absurdo.

Puede haber problemas financieros, conflictos internos, dificultades de crecimiento, pérdida de clientes, errores estratégicos o situaciones que amenacen incluso la continuidad de una compañía.

Sin embargo, existe otra pregunta que considero mucho más importante:

¿Qué hacemos cuando sabemos que el obstáculo está delante de nosotros?

Genaro intuía que algo estaba ocurriendo.

El verdadero riesgo no era únicamente que faltara dinero.

El riesgo era seguir sin querer descubrir por qué faltaba.

Cuando decidió enfrentarse a la realidad apareció una verdad extremadamente dolorosa.

Pero también apareció la posibilidad de actuar.

Se investigó.

Se encontraron pruebas.

Se tomaron decisiones.

Se recuperó prácticamente todo el dinero.

Y después comenzó una transformación mucho más profunda.

El obstáculo que una empresa no mira puede crecer con ella

A veces un empresario busca fuera la explicación de lo que ocurre dentro.

Culpa al mercado.

A la competencia.

A los clientes.

A los empleados.

A la economía.

Sin embargo, algunos de los mayores obstáculos para el crecimiento de una empresa llevan tiempo dentro de la propia organización.

Las preguntas que un empresario debería hacerse

Por eso, cuando una empresa en Madrid, Salamanca, España o cualquier mercado internacional necesita crecer, no siempre necesita empezar haciendo más.

En ocasiones necesita detenerse y observar mejor.

¿Qué está ocurriendo realmente?

¿Qué información estamos evitando?

¿Qué personas conocemos de verdad?

¿Qué procesos hemos dejado de controlar?

¿Qué conversación estamos posponiendo?

Y, sobre todo:

¿Qué verdad empresarial no queremos mirar porque sabemos que después tendremos que tomar una decisión?

Empresas frente al obstáculo: mirar, comprender y actuar

Ser empresario no significa vivir permanentemente sufriendo.

Tampoco significa que los problemas vayan a desaparecer.

Para mí significa algo diferente.

Significa aprender a mirar.

Analizar.

Escuchar.

Preguntar.

Y actuar cuando llega el momento.

En Rapsodia Empresas, cuando trabajamos con empresarios y compañías, no buscamos únicamente aquello que resulta evidente.

Muchas veces necesitamos comprender qué existe detrás del problema antes de decidir qué estrategia empresarial aplicar.

Porque no todos los obstáculos se resuelven de la misma manera.

Algunos necesitan una nueva estrategia.

Otros necesitan comunicación.

Otros requieren reorganización.

Otros aparecen cuando una empresa empieza su expansión internacional.

Y algunos simplemente necesitan algo mucho más difícil:

que alguien se atreva a mirar de frente aquello que todos llevan demasiado tiempo evitando.

Genaro lo hizo.

Y aquel obstáculo que estuvo a punto de poner en riesgo su empresa terminó convirtiéndose también en uno de sus mayores aprendizajes como empresario.

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